viernes, 6 de septiembre de 2013

"El Port de Sa Calobra y el Torrent de Pareis"


El Torrent de Pareis es, sin duda, el paisaje más extraordinario de la Serra de Tramuntana. Este sorprendente fenómeno geológico, alojado por visitantes, poetas, músicos y pintores, como Jeroni de Berard, Llorenç Riber, Miquel Costa i Llobera, Guillem Colom, Joaquim Mir, Rusiñol, Luis Salvador de Hasburgo y Lorena…alberga, además, una gran tesoro de flora y fauna, y entre sus acantilados guarda una serie de interesantes historias y leyendas cargadas de misterio. En Sa Calobra entramos en un área ZEPA (Zona de Especial Protección para las Aves) que se extiende hasta el cabo de Formentor.

El Port de Sa Calobra es uno de los puntos de mayor atractivo turístico de Escorca y de toda la isla. Este lugar no se consolidó como lugar habitado hasta finales del siglo XVIII, por el miedo que tenían los pescadores de los frecuentes desembarcos de piratas que se alojaban en busca de refugio, aprovisionamiento de agua y discretas rutas y poco vigiladas para sus fechorías ya en tierra. El Port ya aparece documentado a finales del siglo XVI, aunque los pobladores permanecían en el núcleo antiguo de Sa Calobra. Este pequeño puerto ha sido siempre la puerta de comunicación de los alrededores. Hoy en día se ha convertido en uno de los lugares de mayor atracción turística de Mallorca. Numerosas barcas cargadas de visitantes hacen la ruta de ida y vuelta desde el Port de Sóller así como una caterva de autocares recorre la sinuosa carretera de Sa Calobra, enlazando con la ruta de Lluc a Sóller.

El primer trazado de esta carretera, de unos 12 km de recorrido dificultoso, fue proyectada en el año 1920 por Gabriel Roca Garcias, pero no fue hasta el año 1933 cuando se inaugurara el trazado actual, apto para el tránsito, y acabado según un proyecto del ingeniero Antoni Parietti Coll.

La historia de Sa Calobra tampoco está exenta de las manifestaciones de peligro que llegaban del mar, y que durante largas décadas trajeron de cabeza a los calobrins. En 1531 el pirata Barba Roja atacó Pollença y también Sa Calobra, donde hizo numerosos cautivos. En 1568 aparece en los documentos que Andreu Colom “Calobra” era prisionero en tierras sarracenas y en el año 1599 es Joan Colom “Calobra” quien sufre cautiverio. Uno de los acontecimientos más tristes que se recuerda en Escorca es el sucedido el 11 de octubre de 1557, recordado todavía como el de la “desgracia de los moros”, cuando un numeroso grupo de sarracenos entró por esta cala e hizo destrozos en Albarca.

Se puede bajar al arenal por unas escaleras indicadas con rótulos. Al ras de la playa podemos encontrar todavía algunas casetas de pescadores por en medio del entramado de bares y restaurantes turísticos.

Un vial asfaltado conduce a la placeta d´en Vidal, dedicadas a Francesc Vidal Sureda (1888-1942) por su dedicación a favor del turismo en Mallorca. Desde la placeta, conocida también con el nombre de Racó d´en Lluc, a través de unos túneles de unos 200 metros de longitud y perforados en los acantilados, comunicamos con la desembocadura de el Torrent de Pareis. Antes de la construcción de este acceso, realizado en el año 1950, el camino entre el torrente y el puerto  se hacía a través de un dificultoso paso escalonado llamado Carrer Nou, el cual aprovechaba un saliente de los peñascos.


El espectacular escenario de s´Olla es el contrapunto más absoluto a la sensación de estrechez y oscuridad del pasadizo agujereado. El pequeño camino da la sencilla plataforma donde tiene lugar el “Concierto del torrent de Pareis”, una cita anual con el canto coral, instaurada por iniiativa del pintor Coll Bardolet desde el año 1963.

En un rincón podríamos ver brotar a borbotones la caprichosa fuente salada. Esto solo se produce en condiciones especiales y su caudal, como indica su nombre, es salado. De entre la vegetación destaca el aliso, un vistoso arbusto de hoja caduca. Los meses de verano, la playa se ve invadida por multitud de veraneantes.

Vídeo

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Bibliografía

SASTRE, Joan y SASTRE, Vicenç (2004): “Mallorca vora mar. Marines de Tramuntana”. Ed. La Foradada / J.J. de Oñaleta, Barcelona, p. 56 – 59.

Fotografías

Virginia Leal © 2013

Enlaces

La excursión se puede realizar o bien desde su sinuosa carretera o bien desde la estación del tren de Sóller en el centro de Palma. Desde el valle de Sóller su famoso tranvía nos conducirá al puerto. Una vez allí, una embarcación nos llevará hacía Sa Calobra pasando previamente por una serie de acantilados que no dejarán indiferente a nadie. Aquí tenéis el enlace dónde poder consultas precios y horarios.

lunes, 5 de agosto de 2013

"El Tren de Sóller. Historia y tradición"


Hasta el siglo XIX la comunicación directa entre Palma y Sóller se hacía por un camino que comenzaba en la Puerta Pintada en Palma y llegaba hasta los pies de la Serra de Alfàbia. Desde aquí hasta el núcleo urbano de Sóller, el trayecto se tenía que completar a través de un estrecho y abrupto camino de herradura que salvaba el llamado Coll de Sóller. De aquella época aún se encuentran a lo largo de la actual carretera de Sóller las posadas que servían para el descanso y avituallamiento de animales y pasajeros, hoy reconvertidas en restaurantes.

Aunque el primer camino de rueda del coll se construyó entre 1834 y 1847, parece ser que su utilización ofrecía ciertas dificultades para el transporte carretero, de manera que dos años después de su inauguración se proyectó la mejora de todo su trazado y la realización de uno nuevo entre Alfàbia y Sóller, acabándose las obras en 1895. De todas maneras las prestaciones de los carruajes de aquella época, en cuanto a su capacidad y tiempo invertido, eran reducidas: las diligencias solamente podían transportar sólo una decena de viajeros y el trayecto entre Palma y Sóller se realizaba en cuatro horas.

Todo esto y la buena marcha del negocio ferroviario en la isla predispusieron a los sollerics a tener su tren y se decidieron a afrontar los primeros estudios técnicos con tal fin de conseguirlo.

Pere d´Alcàntara Penya fue uno de los primeros en proponer cuatro soluciones diferentes del trazado ferroviario hasta Sóller: de Alarò a Sóller y a su puerto, desde Lloseta, por Son Sardina, Establiments, Esporles y Deià, y finalmente desde Santa Maria por el torrente de Coanegra y con túnel por Alfàbia. Lo hizo en 1882 en el semanario palmesano L´Ignorància, utilizando el pseudónimo de Pep d´Aubeña y con el tono de humor que le caracterizaba.

Pero los primeros estudios técnicos fueron realizados por Salvador Medir, que en 1892 realizó el Plano General del Ferrocarril Económico de Palma a Sóller, escala 1:100.00 (expuesto en el Museo del Casal Cultural de Sóller), y un año después redactó un original, cuya concesión fue otorgada a Jeroni Estades Llabrés. Medir propuso la construcción de una línea férrea de 47,7 km entre Palma y el puerto de Sóller que comenzaba en el camino de circunvalación de la capital y conectaba los núcleos de Son Sardina, Establiments, Esporles, Valldemossa y Deià, para llegar finalmente al puerto de Sóller, exigiendo el establecimiento de fuertes costeros y de numerosas curvas de corto radio, así como la construcción de largos túneles. El elevado presupuesto de este proyecto fue imposible su ejecución material por lo que la idea fue perdiendo interés.

En la nueva legislación ferroviaria de principio de siglo se contempló la posibilidad de que el Estado subvencionara la construcción de ferrocarriles secundarios y estratégicos. Esta previsión creó un clima de optimismo que se tradujo en el encargo del Ayuntamiento de Sóller al ingeniero Pere Garau Cañellas para que realizase los estudios preliminares de un trazado ferroviario que, atravesando la Serra con túnel, llegara a Santa Maria para enganchar con la línea de los FFCC de Mallorca. Las primeras conclusiones de Garau aparecen en sus Notas para el estudio de un ferrocarril directo entre Palma y Sóller, publicado en 1904, en las cuales se muestra partidario de construirlo entre estas dos poblaciones por el camino más corto (27 km de línea), a través de Son Sardina y Bunyola.

Para poder llevar a cabo esta iniciativa, en 1905 se constituyó la sociedad Ferrocarril Palma – Sóller. Al año siguiente Garau ya había preparado el proyecto definitivo. Teniendo en cuenta que la concesión estatal otorgaba a esta compañía el derecho de construir un ferrocarril con un trazado que no coincidía con el del proyecto definitivo, procedió a su renuncia y a la constitución en 1911 del Ferrocarril de Sóller, s.a. Esta sería la encargada de construir el ferrocarril, con una sección ferroviaria de 27,26 km entre Palma y Sóller, y otra de 4,87 km entre Sóller y su puerto, cubierta por tranvía.

El servicio del ferrocarril entre Palma y Sóller fue inaugurado oficialmente el 17 de abril de 1912 y el del tranvía entre Sóller y su puerto, el 11 de octubre de 1913. Mientras la línea al puerto se ha venido utilizando normalmente para el transporte de viajeros, la de Palma a Sóller se dedicó hasta principio de los años setenta al transporte de viajeros y mercancías. Hoy se dedican exclusivamente al transporte de viajeros y sobrevive como negocio turístico.

Material móvil

El material tractor incorporado inicialmente  estaba compuesto por locomotoras de vapor. Fueron construidas por la Maquinista Terrestre y Marítima de Barcelona y reconocidas con el nombre de los nucleos dónde se había instalado la estación (Sóller, Palma, Bunyola y Son Sardina), tres de las cuales fueron compradas por las FFCC de Mallorca y puestas en servicio en los años cuarenta.

Con motivo de las muestras de cansancio observado y las continuas averías sufridas, rápidamente se planteó la necesidad de cambiar de vapor a electricidad, cosa que se hizo efectiva en 1929. Este cambio implicó una importante inversión empresarial. Entre otras cosas se incorporaron a la explotación cuatro automotores eléctricos, cuya parte mecánica fue fabricada por la casa alemana Siemens.

Fue precisamente esta misma empresa la encargada de construir los primeros coches de los viajeros y vagones. Por exigencias del tránsito, el parque móvil se amplió más tarde con la incorporación de furgones, fabricados por la Compañía Auxiliar de Ferrocarriles (CAF) de Baesain.

Desde su inauguración en 1913, el servicio entre Sóller y su puerto se ha venido realizando con tranvías eléctricos. Tres automotores y dos remolques fueron los encargados de realizar los primeros viajes. Este material fue comprado a Carde & Escoriaza, empresa que se encargó de recubrirlos de madera sobre una estructura metálica y de montar sobre ellos los primeros motores Siemens.

En los años cincuenta se amplió por primera vez el parque móvil de los tranvías de Sóller. Esto fue posible con la incorporación de una serie de unidades que provenían de las empresas de tranvías de Bilbao y de Palma. La reciente compra de otras unidades a los tranvías de Lisboa hace pensar que se incrementara el número de vehículos en funcionamiento entre Sóller y su puerto.


Bibliografía

BRUNET, Pere (1997): “Ruta del tren” en Guíes Pràctiques de Turisme Cultural de les Illes Baears. Ed. El Dia del Mundo / Rey Sol S.A., Palma, p. 2 – 10, 14 – 18.

Fotografías

Virginia Leal © 2013


Enlaces



martes, 16 de julio de 2013

"El Gran Hotel". Caixa Forum de Palma.


El edificio del antiguo Gran Hotel forma parte de la historia reciente de Mallorca. Fue el primer establecimiento hotelero de categoría en toda la isla, pionero de aquella “industria de los forasteros” que iba a cambiar radicalmente la economía y la sociedad mallorquinas. Arquitectónicamente, constituye el mejor exponente del modernismo en la isla, felizmente recuperado después de una costosa labor de restauración. En la actualidad sirve de sede a la Fundación “la Caixa”, y representa uno de los puntos de cita de la actividad cultural de la ciudad de Palma.

Historia

El Grand Hotel (originalmente utilizaba el nombre en francés, como los establecimientos más lujosos de su tiempo) se construyó entre 1901 y 1903, en un momento en que Mallorca comenzaba a atisbar las posibilidades de un desarrollo turístico aunque reducido a los viajeros de alto nivel económico, intelectuales y artistas.

El hotel representó una verdadera evolución para la época. Fue proyectado por el arquitecto catalán Lluís Domènec i Montaner, autor entre otras obras del Palau de la Música de Barcelona. El Grand Hotel se inscribía así en la corriente del modernismo, lo más avanzado en su tiempo, y combinaba la audacia estética con los requerimientos del confort.

El establecimiento ocupaba una extensión de 1061 metros cuadrados. Tenía cuatro pisos, y en los sótanos se situaban las bodegas, los caloríferos, la instalación de gas y electricidad, la cocina y las dependencias del personal. La planta baja albergaba el comedor de huéspedes, el restaurante, un salón para señoras, un salón de fumar y las oficinas. Desde allí, por medio de una escalera regia y un coquetón ascensor, se accedía a los pisos ocupados por las habitaciones. Según la prensa de la época, allí se encontraban “los salones ricamente adornados, cuartos de baño, WC particulares y cuartos habitaciones. En todas ellas existen caloríferos y pueden dar cabida muy cómodamente a 170 personas”.

Toda la decoración y mobiliario era de primera clase, con elementos comprados en el extranjero. La cubertería, por ejemplo, procedía de la factoría austríaca de Arthur Krupp. Otra innovación revolucionaria estribaba en que el Grand Hotel fabricaba su propia electricidad y calefacción, todo ello en una época de gas y quinqués.

En consonancia con esta atmósfera suntuosa, se buscó la participación de numerosos artistas. Joaquim Mir y Santiago Rusiñol aportaron así siete murales para el gran salón comedor, que se mostraban junto a cerámicas de la firma Puyans i Català y de Sa Roqueta. Las artísticas cristaleras fueron encargadas a Ferrés y Cía, de Barcelona.

Los precios eran elevados. Aparte, había que pagar diferentes suplementos por baño, ducha y calefacción.

La inauguración del Grand Hotel, el 9 de febrero de 1903, constituyó un acontecimiento social. La plaza de Weyler se llenó de carruajes con autoridades, aristócratas, cónsules, periodistas e invitados. El edificio fue bendecido por el obispo Pere Campins, tras lo que se celebró una cena de gala. Los brindis fueron efectuados por Miquel del Sants Oliver y el poeta Joan Alcover.

En su primera etapa el hotel estuvo dirigido por el señor Albareda, un profesional de gran prestigio que entre otras cosas impulsó una guía turística de Mallorca dedicada a los clientes del hotel, pionera en su género. Más tarde se harían cargo de la dirección el propietario, Juan Palmer, y su hijo, quienes lograron consolidar el negocio. En aquellos tiempos, el Grand Hotel rivalizaba con  los mejores de Madrid y Barcelona.

Los años difíciles de la guerra civil supusieron el colapso del turismo y de los visitantes de prestigio. Durante la contienda, el Grand Hotel fue residencia de los oficiales y suboficiales de la aviación italiana. Finalmente el edificio fue vendido en la década de los cuarenta y se convirtió en la sede de las oficinas del Instituto Nacional de Previsión. Este nuevo uso supuso una importante transformación. Fueron suprimidos los coronamientos neogóticos que caracterizaban la fachada, se cegaron varias entradas, muchos elementos decorativos fueron cubiertos o desmontados y el interior quedó irreconocible. Posteriormente se instalaron en el antiguo hotel  un juzgado y la oficina del censo, lo que precipitó un estado de avanzado deterioro.

En esas condiciones adquirió la Caixa d’Estalvis i Pensions de Barcelona (“la Caixa”) el antiguo Grand Hotel, con el propósito de construir la sede la Fundació “La caixa” en Mallorca. Las obras de rehabilitación comenzaron en 1987 a cargo del arquitecto pere Nicolau. Los trabajos duraron 7 años y costaron alrededor de 1.100 millones de pesetas. Hubo que rescatar numerosos elementos decorativos, reparar otros y reponer los que resultaban más característicos, como los coronamientos de la fachada. Se intentó recuperar el máximo posible de piezas y elementos del viejo hotel para revivir su carácter. La inauguración de las obras tuvo lugar en julio de 1993, noventa años después de que abriese sus puertas el Grand Hotel, y fue un evento social tan importante como la primera inauguración, con asistencia de los reyes de España.

La visita

La fachada del Grand Hotel ha sido recuperada después de un minucioso trabajo de investigación, basado en fotografías de época e incluso los esbozos originales de Domènec i Montaner. El edificio, en la línea modernista, seguía una intención de arte total y combinaba arquitectura con escultura, cerámica e interiorismo. Tal como describe Miquel Seguí, “en la fachada predominan las líneas híbridas y orientalizantes. Su desbordante floralismo decorativo aproxima la obra de Domènech al movimiento europeo en su vertiente naturalista. El elemento vegetal y floral se extiende a lo largo de todo el edificio, sobre balaustradas, capiteles y molduras, y en las decoraciones interiores. Junto al ornamento naturalista aparece la cerámica policromada de influencia hispano árabe y elementos decorativos como aguiluchos o dragones”.

El bar de la fundación y la librería ocupan los lados de la parte baja, que ha recuperado las entradas que tuvo en su origen. Al penetrar en el edificio se encuentra lo que fuera el comedor del Grand Hotel. En la actualidad, la estancia se utiliza para exposiciones.

En el Grand Hotel de hoy se encuentran salas de actos, talleres educativos, una mediateca y sobre todo una exposición permanente de la obra de Hermenegildo Anglada Camarassa, artista catalán de finales del siglo XIX afincado en Mallorca. Los fondos de esta muestra se encontraban en el Port de Pollença hasta que fueron adquiridos por la Caixa en 1988. La colección está formada por 79 óleos pintados entre 1898 y 1953, así como recuerdos personales del artista y 125 dibujos.

Bibliografía

GARRIDO, carlos y ORTEGA, Elena (1996): “El Gran Hotel. Palma: Pentágono cultural II” en Guía del Patrimonio. Recorridos culturales de las Islas Baleares. Ed. El Dia del Mundo, Palma, p.85 – 89.

Fotografías

Virginia Leal © 2013
FAM (Fotos Antiguas de Mallorca)


miércoles, 19 de junio de 2013

El Consell de Mallorca


Justo al lado del Ayuntamiento de Palma, hacia la derecha, se encuentra el edificio neogótico, la sede del actual Consell de Mallorca. La edificación está ubicada en la calle Palau Reial, número 1. La construcción destaca entre el resto de edificaciones por su majestuosidad y por el estilo en que fue construido ya que no tiene en su entorno ningún edificio con las mismas características.

Las obras de construcción se iniciaron en 1882 para convertirse en la sede de la Diputación provincial de las Islas Baleares, institución creada en 1812 a raíz de las Cortes de Cádiz. Anteriormente en este solar se ubicó la antigua prisión. El diseño del edificio fue encargado al arquitecto Joaquín Pavía Birmingham. A partir de 1885 se hizo cargo el qrquitecto Joan Guasp Vicens.

En la fachada podemos observar las cuatro torres octogonales y un conjunto de elementos característicos del Medievo como son los pináculos y los arcos ciegos, entre otros. La fachada también muestra los escudos de cada una de las islas Baleares, así como el de los municipios que ostentan el título de ciudad. La obra escultórica de la fachada fue realizada por Llorenç Ferrer i Martí.

Dentro del edificio sobresale la escalera imperial que nos permite acceder a la planta noble. La composición de esta escalera es muy teatral. Destaca la inspiración en el gótico de Guillem Sagrera (autor de La Lonja de Palma) que se pueden observar en los elementos del rellano de la escalera. La vidriera que ilumina la escalera es otro de los elementos que ayudan a realzarla. Esta es obra de Faust Morell i Ballet que representó varias alegorías femeninas donde cada una de ellas representa a Mallorca, Menorca e Ibiza respectivamente.

En la planta noble destaca la sala de sesiones, obra del arquitecto Guillem Reynés. De ella destacan las vidrieras, obra de Faust Morell, relacionadas con la temática de la conquista de Mallorca. Otros elementos a destacar son el artesonado de madera de la sala realizado en roble, obra de Isidre Ripoll. También cabe destacar el mobiliario de esta estancia. Cuando se construyó el edificio y se optó por el neogótico se hizo con todas sus consecuencias no ciñéndose únicamente a elementos arquitectónicos, escultóricos o pictóricos sino que se pretendió que abarcase hasta el último elemento del edificio. Los asientos están decorados con personajes históricos y folclóricos portando cada uno un escudo de un municipio de las Islas Baleares. En esta misma planta también destaca la sala de la Presidencia. En esta estancia destaca el artesonado neomudéjar.

El edificio también alberga en sus paredes una importante colección pictórica de pintura mallorquina de la segunda mitad del siglo XIX y primer tercio del XX.

Desde 1979, momento en que se repartió el patrimonio de la extinta Diputación Provincial, el edificio en cuestión se convirtió en la sede del Consell de Mallorca. Actualmente es la sede de los plenos de la institución y su presidencia. La institución insular es el órgano de gobierno y administración de Mallorca que gestiona importantes competencias.

Bibliografía

PONS BOSCH, Jordi (2009): “El Consell de Mallorca. Las Islas Baleares en el Siglo XX. Palma Modernista” en Itinerarios Históricos en las Islas Baleares. Ed. Diario de Mallorca, Palma, p.291 – 294.

Fotografías

Virginia Leal © 2013

jueves, 13 de junio de 2013

"Son Fornés" - Montuïri


El poblado talayótico de Son Fornés se encuentra en la carretera de Montuïri – Pina, a la derecha del km. 3,6, muy cerca del cruce con la carretera de Algaida – Sant Joan. Se encuentra indicado con un panel. Una barrera da acceso al camino que nos conduce hacia el montículo donde se encuentra el yacimiento.

Las excavaciones comenzaron en el año 1975 y fueron dirigidas por los profesores de la Universidad Autónoma de Barcleona Vicenç Llull y Maria Encarna Sanahuja dentro del programa de investigación arqueológica de esta Universidad.

Es uno de los poblados más completos encontrados en Mallorca. Los investigadores calculan su antigüedad en el siglo VII a.C. siendo frecuentado hasta el siglo IV de nuestra era. Este espacio de tiempo se divide en 3 épocas:
  • Primera fase. Inicio s.VII a.C. hasta mediados del VI a.C.: fase avanzada del periodo talayótico y más rica. De esta etapa son los dos talayots del poblado, algunas casas y la muralla.
  • Segunda fase. Finales s.VI a.C. hasta el III a.C.: se encuentran tres habitaciones completas y restos de otras tres. El poblado crece traspasando la muralla del recinto original.
  • Tercera fase. Inicios de la romanización de la isla s.II y I a.C.: el poblado no se expande pero si se produce un aprovechamiento de las antiguas habitaciones.

En el poblado se pueden ver tres talayots circulares unidos por diversas casas y una muralla, y en la cima del montículo, otra muralla. Todo el conjunto consituye un complejo poblado talayótico, con diferentes etapas de crecimiento, como hemos visto anteriormente, pero que incluyen desde principios del primer milenio antes de Cristo hasta época tardorromana, aunque a mediados del siglo I d.C. el poblado talayótico desapareció.


El primer talayot que encontramos al entrar es el circular más grande de Mallorca, con 17 metros de diámetro y unos muros de 5 metros de grueso, con un volumen calculado de 2000 toneladas. Ha llegado en buen estado de conservación, especialmente su cámara, donde aun se puede ver un camarín incrustado en el muro, y la gran columna central, que alcanza los 4 metros de alzado. Algunas de sus piedras llegan a pesar hasta 10 toneladas.

En la excavación de este talayot se encontraron huesos de toro y cerdo más que de oveja, al contrario de lo que sucedía en las habitaciones cercanas, por lo que, los excavadores piensan que en su interior se celebraba algún tipo de actividad ritual.

El segundo talayot es diferente al primero: es más pequeño y su cámara fue forrada con un muro nuevo que tapan la puerta. Todavía se pueden ver los escalones que darían acceso a la cámara una vez cegada la puerta. En la excavación aparecieron copas pero no los huesos que aparecían en el primer talayot.

Entre los talayots se pueden contemplar casas de diferentes épocas; las más antiguas suelen ser las más próximas al talayot 1, aunque muchas están superpuestas. En algunas de ellas se pueden ver aún cisternas, bancos y estanterías, además de suelos enlosados y escaleras.

http://www.sonfornes.mallorca.museum/
La visita al poblado se debe complementar con la del museo existente en el Molí d´en Fraret, a la salida hacia Sant Joan desde Montuïri. Allí se pueden encontrar los objetos que se rescataron de las excavaciones y un resumen de la prehistoria mallorquina.


Bibliografía

ARAMBURU – ZABALA, Javier (2009): “Son Fornés. La prehistoria en las Islas Baleares. El Pla de Mallorca” en Itinerarios Históricos en las Islas Baleares. Ed. Diario de Mallorca, Palma, p.39 – 40.

FULLANA FALCONER, Pere (1994): “Montuïri”, en Guia del Pla de Mallorca. Ed. Mancomunitat Pla de Mallorca y Consell Insular de Mallorca, p.122.

MARGALIDA, Tur (2001): Guia del pobles de Mallorca. Montuïri. Ed. Ultima Hora y Consell Insular de Mallorca, Inca, p.25-26.

Fotografías

Virginia Leal © 2013

domingo, 5 de mayo de 2013

"Miramar" - Valldemossa



La casa-museo de Miramar, una de las posesiones más antiguas y con más historia de Mallorca, trabaja para mantener y difundir su importante patrimonio histórico y cultural. Su objetivo es dar a conocer a mallorquines y foráneos dos de las figuras imprescindibles de la historia de Mallorca: Ramón Llull y el Archiduque Luis Salvador.

En 1240 ya aparece documentada esta posesión como en el rafal árabe de Alcorayola. En 1276, por iniciativa de Ramon Llull, el rey Jaume II de Mallorca, estableció allí el Colegio de Lenguas Orientales de Miramar. Posiblemente, por la excelente ubicación de la posesión, esta pasara a llamarse Miramar.

Ramon Llull vio la necesidad de comprender la mentalidad y la cultura del islam como forma de tramar una acción de proselitismo eficaz. El Miramar misional constituirá un hecho reconocido en la difusión del pensamiento cristiano. El colegio desapareció pocos años después, en 1295. Durante los años de funcionamiento el beato escribió allí la obra más difundida de su corpus: “El Llibre d´amic e amat”. Además, Miramar fue la fuente de inspiración de una de las primeras estrofas de literatura paisajística en lengua catalana, incluidas en su bello poema Cant de Ramon.

En 1485 se instaló en Miramar la primera imprenta de Mallorca y una de las primeras de todos los países de habla catalana. En el siglo XVI vivió el padre Antontio Castañeda, ermitaño y padre espiritual de santa Catalina Tomàs. Fue capitán de los ejércitos de Carlos V, pero desengañado de la vida que llevaba, se retiró a Valldemossa, donde vivió como ermitaño, primero en una cisterna, después en una cueva y finalmente en Miramar hasta su muerte el 1583. Después de esto la historia de Miramar, hasta la llegada del Archiduque, se caracteriza más bien por la constante presencia de ermitaños.

Posteriormente, en 1872, el Archiduque Luís Salvador de Hasburgo-Lorena- uno de los miembros de la corte imperial austrohúngara-, adquirió la finca, reformó las casas y la capilla, recuperando así la memoria de Ramon Llull y el mensaje de respeto y disfrute de la naturaleza construyendo numerosos caminos y miradores; también embelleció el conjunto con dos jardines contiguos y proyectó el Jardín de la Torre del Moro. Los interiores fueron nuevamente amueblados con piezas mallorquinas tradicionales y con otras que eran copia de las que había anteriormente.  

El Archiduque concibió Miramar como un lugar abierto a todos los visitantes, por lo que en 1873 abrió la hospedería de Ca madò Pilla. Con motivo de la colocación de la primera piedra del oratorio de Ramon Llull, el 21 de enero de 1877, se hizo una gran celebración religiosa. Cuatro días después tuvo lugar una gran fiesta literaria, en recuerdo del sexto centenario de la fundación de Miramar. Enamorado de estos lugares, el Archiduque invitó a relevantes personalidades de la época a visitarlos, entre los cuales destaca la legendaria Sisí de Austria, que quedó tan impresionada que bautizó con el nombre de Miramar a su hijo.

A la muerte del Archiduque, en 1915, el heredero fue su secretario, Antoni Vives Colom, para después pasar a su hija Lluïsa Vives Venezze, casada con el pintor Antoni Ribas Prats; actualmente es propiedad de la hija de los anteriores, Silvia Ribas Vives.

La visita a Miramar

La visita a Miramar comienza en el área de recepción. Fuera del recinto de casas se sitúa la tafona (almazara). Se encuentra en perfecto estado de conservación; cuenta con una prensa mecánica y sobre el rotlo (rulo) se puede ver la fecha “1934”. Al lado se sitúa la sala de mapas donde, además de contemplar los intensos esfuerzos del Archiduque viajero sobre la cartografía del Mediterráneo, encontramos una buena colección de imágenes de la época, tanto del protagonista como de su mundo. Destaca el libro enrollable dedicado a Alexandrete, colgado en la parte superior de la sala.

Desde la entrada se accede en primer lugar al jardín. Contiene una interesante selección de árboles y plantas autóctonas, entre los que destacan dos tejos. Sobre uno de los muros conservados de la antigua edificación se alza un fragmento del claustro gótico del convento de Santa Margalida de Palma. Llegó al Archiduque a través del escritor y maestro de obras militar Pere d´Alcàntara Peña, quien lo había desmontado a causa de un grave peligro que sufría por las obras de transformación del convento en hospital. Consta de 17 arcos góticos, trifoliados, sostenidos por 19 columnas.

A la derecha del jardín, se alza la capilla de Miramar, la primera obra de rehabilitación que comenzó Luís Salvador después de la compra. El actual edificio se corresponde con una de las capillas laterales de la primitiva iglesia. Las obras fueron llevadas a cabo por Bartomeu Ferrà entre 1872 y 1873. La capilla se encuentra precedida por un atrio que cubre la entrada, decorado por el relieve de un demonio. El tejado está rematado por una espadaña.

El interior de la capilla es de un solo tramo de bóveda de crucero y sobre la clave podemos contemplar el escudo del Archiduque. Sobre el altar hay un retablo, formado por un tríptico. El centro está presidido por la Trinidad, mientras que en los laterales están representados Ramon Llull y santa Catalina Tomàs.

La capilla contiene otras piezas de gran interés como la escultura de la Mare de Déu de la Garda, a la derecha del oratorio. Esta pieza fue donada por la emperatriz Elisabet de Austria, después de su segunda visita a Miramar. Es una delicada imagen en mármol blanco, levantada sobre una pilastra donde hay una placa colocada por Luís Salvador como recuerdo de esta donación.

En la otra parte del jardín se ubican las casas de Miramar. El edificio tiene tres plantas de altura, cubierto por dos vertientes y con las cuatro fachadas decoradas (a excepción de la torre) por un esgrafiado obra del propio Archiduque, quien se inspiró en una casa de Establiments. La entrada desde el jardín se efectúa bajando unos escalones sobre una pérgola sostenida por cuatro columnas procedentes del antiguo claustro de Miramar. El portal da a la primera vertiente de las casas, construido por Luis Salvador.

A la izquierda se encuentra la actual sala de conferencias, llamada anteriormente la sala de la Fuente, ya que durante las obras apareció una pica. El fondo de la sala está decorado por un conjunto de conchas que representa la figura del Doctor Iluminado, inspirado en la xilografía de Pere Posa Apostrophe Raimundi, de 1504. El Beato se encuentra flanqueado por dos cipreses, mientras que encima se encuentra el escudo archiducal y la inscripción en italiano “Anno 1872”. Toda esta sala está recorrida a media altura por un enladrillado, inspirado también en la xilografía.

En la sala de la derecha se ubica uno de los elementos más impresionantes del patrimonio de Miramar: el cenotafio de Vratislau Viborny, el primer secretario del Archiduque, muerto en Palma el 25 de julio de 1877, con tan solo 24 años. Esta romántica escultura, obra de Antonio Tandardini, representa la resurrección del joven mientras un ángel recoge el alma. Sobre las paredes cuelgan fotografías de la familia y de la trayectoria personal del Archiduque. La sala todavía conserva el suelo original y el enladrillado de los bajos de la pared, inspirados en los que decoraban la portería del locutorio del convento de Santa Magdalena de Palma.

Desde aquí pasamos a la parte primitiva de las casas a través de dos pequeños arcos de medio punto, uno de los cuales, antes de la reforma del Archiduque, correspondía con el portal que daba al claustro. Es muy probable que el suelo empedrado de toda esta ala sea de la época de Ramon Llull. En la parte derecha se ubica la entrada de la antigua habitación de los mensajes y la cámara que acoge una recreación del interior del barco del Archiduque, el Nixe II. En la parte izquierda se encuentra una cocina tradicional, con chimenea y viadera, y la escalera que sube a la planta noble.

Desde la segunda vertiente se accede al mirador de poniente, desde donde se aprecian unas magníficas vistas de la costa mallorquina. La preceden pinares y los restos de la torre-oratorio de Ramon Llull, medio derrumbada después de que en 1975 impactara un rayo. Sobre la fachada hay adosadas varias placas conmemorativas dedicadas al recuerdo del Archiduque. Destaca la que reproduce los versos del poeta mallorquín Joan Alcover. Como elemento curioso, al lado del portal, hay una gran ancla proveniente del Nixe II. En la parte izquierda se puede ver la sólida torre de defensa.

La fachada del sur hoy en día está fuera de la visita a las casas. En el lado opuesto, al norte, al lado de la capilla, se ubica el Jardín de Cipreses, que ocupaba el espacio de la antigua iglesia de Miramar. Cuenta con un curioso empedrado en forma de cruz.

A través de una escalera situada debajo del mirador se baja hasta el Jardín de la Torre del Moro. Es una de las obras más singulares de Luís Salvador. Este espacio fue concebido con la idea de hacer un jardín botánico con muestras de plantas y los árboles más significativos de la flora insular. Ocupa un espacio de unos 200 metros cuadrados, levantado sobre un altísimo muro de pedra en sec. Se encuentra limitada por una pequeña pared coronada por 33 almenas. En la parte central hay dos pasteras, cada una de las cuales contiene una estrella de 9 puntas, hechas con la intención de evocar el Ars Combinatoria lul·liana. En la parte superior se encuentra el safareig (estanque). Los muros laterales presentan una disposición escalonada, decorados con copas de mármol de gran tamaño que contienen curiosos grafitos de principio de siglo XIX.

Desde el Jardín de la Torre del Moro, bordeando un marge, se llega a otra obra paradigmática del Archiduque: los Pontets de la Font Coberta. Hay en total 13 y atraviesan el badén empedrado que baja de la fuente. Desde aquí, por un caminito escalonado se puede ir hasta las Cuevas de Poniente. Un poco más abajo se localiza el Mirador de sa Ferradura, desde donde se obtiene una de las más espléndidas vistas de sa Foradada.

Bibliografía: “Les Possessions de Mallorca. Vol. I.”, de Tomas Vivot; “Guia del paisatge cultural de la Serra de Tramuntana”, de Gaspar Valero i Marti; “El paisatge del Arxiduc”, de Nicolau S. Cañellas Serrano; “Les possessions mallorquines de l´Arxiduc”, de Sebastià Trias Mercant.
Fotografías: Virginia Leal.